Trump, la fecundación in vitro y los límites morales de la política “pro-familia”

Trump IVF

La semana pasada, Donald Trump anunció una nueva medida para facilitar que las empresas puedan ofrecer cobertura de tratamientos de fertilidad a sus empleados, incluyendo tratamientos de fecundación in vitro. La propuesta permitiría crear seguros complementarios específicos para fertilidad, separados del seguro médico ordinario. La Casa Blanca ha presentado esta medida como parte de una agenda a favor de la familia y de la natalidad, orientada a reducir las barreras económicas que afrontan las parejas que desean tener hijos y a facilitar el acceso a tratamientos de fertilidad. Sin embargo, ¿pueden estas políticas considerarse realmente medidas a favor de la familia y de la vida humana?

La apuesta de Trump por la expansión de la FIV

No es la primera vez que el presidente pretende facilitar el acceso a las técnicas de reproducción asistida. El primer momento clave llegó tras la sentencia del Tribunal Supremo de Alabama de febrero de 2024[1], que consideró que los embriones congelados podían ser tratados jurídicamente como niños bajo la ley estatal de homicidio culposo. La decisión abrió la puerta a posibles responsabilidades legales para las clínicas de fertilidad por la destrucción de embriones y llevó a algunos centros a suspender temporalmente sus servicios. Trump reaccionó rápido y respaldó públicamente el desarrollo de una legislación estatal que finalmente otorgó protección jurídica a los tratamientos de fecundación in vitro en Alabama. Durante la campaña presidencial, en agosto de 2024 prometió que, si volvía a la Casa Blanca, el Gobierno o las aseguradoras pagarían los tratamientos de IVF llegando a definir su partido como “the party for IVF”[2].

Ya en la Casa Blanca, Trump convirtió ese discurso en medidas administrativas. El 18 de febrero de 2025 firmó la Executive Order 14216, titulada “Expanding Access to In Vitro Fertilization”[3]. La orden partía de la idea de reducir barreras económicas y facilitar el acceso a la fecundación in vitro. El siguiente paso llegó en octubre de 2025[4], cuando la Administración anunció una iniciativa en dos partes: por un lado, descuentos en determinados medicamentos de fertilidad a través de TrumpRx , un programa promovido por la Administración Trump para facilitar el acceso a estos tratamientos mediante acuerdos directos con farmacéuticas como EMD Serono; por otro, la preparación de una vía para que los empleadores pudieran ofrecer beneficios de fertilidad separados del seguro médico ordinario.

La propuesta anunciada en mayo de 2026[5] parece ser la continuación regulatoria de ese plan. Bajo esta nueva norma, las empresas podrían ofrecer una cobertura suplementaria específica para fertilidad FIV, del mismo modo que muchas ya ofrecen seguros dentales o de visión. La cobertura empresarial de FIV ya existe en Estados Unidos, aunque no está generalizada: aproximadamente una cuarta parte[6] de las empresas estadounidenses con 200 o más empleados cubren el procedimiento. Empresas como Amazon, Apple o Meta, ofrecen coberturas relevantes para tratamientos de fertilidad, en muchos casos a través de plataformas especializadas como Progyny. Además, aseguradoras como Aetna o Cigna pueden incluir cobertura de infertilidad y fecundación in vitro según el plan contratado por cada empresa y la normativa aplicable en cada estado.

 Dado que normalmente se requieren varias rondas de FIV para lograr un embarazo, el coste económico puede ser muy elevado: una sola ronda cuesta entre 12.000 y 30.000 dólares. En este sentido, de media, se gastan más de 61.000 dólares para conseguir el nacimiento de un bebé o para determinar que continuar con nuevos ciclos ya no es razonable[7]. El máximo vitalicio medio entre empleadores que ofrecen esta cobertura se sitúa alrededor de 20.000 dólares por empleado[8].

Las implicaciones éticas de la fecundación in vitro

La fecundación in vitro suele empezar con estimulación ovárica (medicación hormonal) para que los ovarios maduren varios óvulos en un mismo ciclo. Luego se hace la extracción de óvulos y esos óvulos se fecundan en el laboratorio con espermatozoides para formar embriones. Los embriones se cultivan unos días y, según el caso, se transfieren al útero o se congelan (criopreservan) para usarlos más adelante. De una misma extracción se puede generar varios embriones que pueden transferirse por lotes en momentos distintos. Si una transferencia no consigue un embarazo o se desea tener otro hijo más adelante, pueden realizarse transferencias posteriores usando otro grupo embriones, evitando así repetir cada vez todo el proceso de estimulación y extracción.

Es difícil saber cuántos embriones se crean de media en un ciclo de FIV, porque la mayoría de las estadísticas públicas no contabilizan embriones creados, sino que informan el resultado como nacidos vivos ronda de punción de óvulos y suelen usar tasas acumuladas que incluyen transferencias realizadas dentro del año posterior a esa extracción. En Estados Unidos, el resumen nacional de SART reporta 431.746[9] ciclos totales en 2024. A partir de un supuesto conservador como el que utiliza The Heritage Foundation (10 embriones creados por ciclo)[10], ello implicaría unos 4,32 millones de embriones creados en 2024 en EEUU; y, comparando esa cifra con el total nacional de 100.158[11] bebés nacidos mediante FIV en 2024, se obtiene que aproximadamente 2,32% de los embriones estimados culminaría en el nacimiento de un bebé y el resto no llega a nacido vivo, sin que estas estadísticas permitan distinguir cuántos se pierden en el proceso o permanecen almacenados. De estos últimos, algunos serán transferidos en el futuro; algunos se descartan; otros son donados para investigación; y muchos pasan a considerarse “abandonados” o “no reclamados” en la práctica[12] (por ausencia prolongada de instrucciones o de contacto por parte de los progenitores, o por incumplimiento de las condiciones del acuerdo), quedando su custodia y eventual gestión en manos de la clínica conforme a sus políticas y al marco legal aplicable. La magnitud del fenómeno de los embriones congelados resulta sobrecogedora: en Estados Unidos, distintas estimaciones sitúan el número de embriones crioconservados por encima de los 1,5 millones [13].

Otro problema ético que se presenta es el de la selección embrionaria. La FIV suele ir acompañada de pruebas genéticas preimplantacionales —“preimplantation genetic diagnosis”— que permiten analizar los embriones antes de transferirlos. En algunos casos se presenta como una forma de evitar enfermedades graves, pero la lógica puede extenderse fácilmente hacia criterios de calidad, preferencia o descarte. Más del 75% de las clínicas de fertilidad ofrecen pruebas preimplantacionales para detectar problemas genéticos y el 73% ofrece pruebas para selección de sexo o rasgos como color de pelo, ojos o piel[14]. Este punto conecta directamente con el riesgo eugenésico.Si los embriones pueden ser seleccionados por ausencia de enfermedades, sexo o características físicas, la técnica introduce una mentalidad en la que unas vidas son preferibles a otras. La propia estructura del proceso facilita una relación de dominio sobre la vida humana naciente. El hijo ya no aparece primariamente como un don, sino como el resultado de una decisión técnica, de una selección biológica y de una inversión económica.

También hay riesgos médicos asociados. Si bien la literatura científica debate hasta qué punto estos riesgos pueden atribuirse a la propia técnica de reproducción asistida —y no a factores asociados como la infertilidad subyacente de los padres, la edad materna avanzada o la prematuridad—, numerosos estudios han asociado la fecundación artificial con una mayor incidencia de determinados problemas de salud en la descendencia, incluyendo ciertos defectos congénitos cardíacos[15], algunos tipos de cáncer infantil[16] y trastornos del neurodesarrollo como el autismo[17].

La doctrina católica ante la fecundación in vitro

La Iglesia reconoce el sufrimiento de los matrimonios que no pueden tener hijos y considera bueno su deseo de formar una familia[18]. Pero distingue entre el deseo legítimo de un hijo y un supuesto derecho a obtenerlo por cualquier medio. El hijo no es un objeto debido a los padres, sino una persona que debe ser acogida como don[19].

Desde sus orígenes hasta nuestros días, la Iglesia ha mantenido firmemente que toda vida humana debe ser respetada y protegida desde el momento de la concepción [20].El Magisterio no pretende actuar como autoridad en el ámbito de las ciencias experimentales, pero sí tiene la misión de ofrecer principios morales para valorar las implicaciones éticas de las técnicas aplicadas a la vida humana[21]. En el momento de la fecundación, la evidencia científica afirma que comienza la existencia de un nuevo ser humano con una identidad biológica propia y un desarrollo continuo. En consecuencia, la doctrina católica enseña que corresponde al Estado y a la sociedad defender el derecho fundamental a la vida de todo ser humano inocente, basado en su naturaleza y en su creación a imagen de Dios[22]. El valor de la vida humana no depende de su grado de desarrollo, de su estado de salud ni de las circunstancias de su concepción: desde su inicio, el embrión debe ser reconocido y tratado como persona, nunca como un medio, objeto de selección o una realidad susceptible de descarte[23]. En consecuencia, la destrucción deliberada de embriones humanos inherente a la fecundación in vitro constituye una grave vulneración al derecho inviolable a la vida de un ser humano inocente. Asimismo, la posibilidad de seleccionar embriones conforme a criterios genéticos o de producir un número superior al de hijos deseados introduce una lógica de dominio e instrumentalización sobre la vida humana en gestación[24].

Por otra parte, la Iglesia no desaprueba la medicina reproductiva como tal. Al contrario, acepta las intervenciones que ayudan al acto conyugal a alcanzar su fin natural. Lo que rechaza son las técnicas que sustituyen el acto conyugal y sitúan el origen de la vida humana bajo el dominio de la técnica.[25] Existe una conexión inseparable entre el significado unitivo y el significado procreativo del acto conyugal[26]. Así como la anticoncepción separa la unión sexual de la procreación; la fecundación in vitro opera en sentido inverso, separa la procreación de la unión conyugal[27]. En este sentido, la fecundación in vitro introduce una lógica que desplaza el origen de la vida humana del ámbito del amor esponsal al de la producción técnica en laboratorio.

Ante las nuevas medidas de Trump de febrero[28] y octubre[29] de 2025 para ampliar el acceso a la FIV, la Conferencia Episcopal Americana reconoció el sufrimiento de las parejas con infertilidad y la bondad de su deseo de tener hijos, pero advirtió que la respuesta no puede ser una técnica que acaba con innumerables vidas humanas y trata a los embriones como material desechable. Los obispos estadounidenses insistieron además en que toda vida humana, nacida o no nacida, es sagrada, y que los hijos tienen derecho a nacer del acto natural y exclusivo de amor matrimonial, no de la intervención tecnológica de una empresa.

En definitiva, el deseo de tener un hijo es profundamente humano y la Iglesia comprende el sufrimiento real de quienes padecen infertilidad. Pero precisamente porque el hijo posee una dignidad propia e inviolable, no todo medio es moralmente aceptable para alcanzarlo. La vida humana debe ser respetada desde la concepción, independientemente de las circunstancias en las que haya sido concebida, de su estado de desarrollo o de su viabilidad. La respuesta a la infertilidad no puede construirse sobre la instrumentalización de vidas humanas.

Por ello, presentar las medidas impulsadas por Trump como políticas “pro-familia” o “pro-vida” resulta profundamente contradictorio. Aunque pretendan responder a un problema real, terminan reforzando una industria basada en prácticas incompatibles con el respeto debido a toda persona humana desde su inicio. Existen además alternativas más humanas, éticas y orientadas a abordar la raíz del problema: una mayor investigación sobre las causas de la infertilidad, la medicina reproductiva restaurativa —como los tratamientos basados en Restorative Reproductive Medicine (RRM)[30]—, mejores diagnósticos, apoyo a la maternidad y la paternidad y mayores facilidades para la adopción. En lugar de asumir como inevitable una lógica de producción y selección embrionaria, una verdadera política familiar debería promover soluciones que protejan simultáneamente el deseo legítimo de los padres y la dignidad inherente de toda vida humana.

Desde la perspectiva del faithful investing, estas políticas también tienen importantes implicaciones a la hora de invertir. El impulso dado por la Administración Trump a la reproducción asistida no solo favorece el crecimiento de aseguradoras, farmacéuticas, clínicas de fertilidad y compañías biotecnológicas vinculadas directamente a este sector, sino que también afecta potencialmente a todo tipo de empresas. Cada vez más compañías están incorporando beneficios de fecundación in vitro dentro de los paquetes ofrecidos a sus empleados lo que plantea importantes conflictos éticos en relación con el pilar de la vida. Por ello, en Altum Faithful Investing ayudamos al inversor a evaluar tanto los productos y servicios que una empresa ofrece a sus clientes como sus políticas y beneficios corporativos.


[1] LePage v. Center for Reproductive Medicine, P.C., Supreme Court of Alabama, (Ala. 2024), decisión de 16 de febrero de 2024.

[2] ABC News, “Trump calls himself ‘father of IVF,’ doubles down on ‘enemy within’ remarks in town hall,” 16 de octubre de 2024.

[3] The White House, “Expanding Access to In Vitro Fertilization,” Presidential Actions, 18 de febrero de 2025.

[4] The White House, “Fact Sheet: President Donald J. Trump Announces Actions to Lower Costs and Expand Access to In Vitro Fertilization (IVF) and High-Quality Fertility Care,” 16 de octubre de 2025.

[5] U.S. Department of Labor, “Proposed Rule on Excepted Fertility Benefits,” 10 de mayo de 2026,

[6]  KFF, “Annual Family Premiums for Employer Coverage Rise 7% to Average $25,572 in 2024, Benchmark Survey Finds”, KFF, 9 de octubre de 2024.

[7] Emma Waters, “Why the IVF Industry Must Be Regulated,” The Heritage Foundation, 19 de marzo de 2024.

[8] Lindsay Bower, “Delivering Efficient and Affordable IVF Coverage to Employees,” Mercer, 6 de marzo de 2025.

[9] Society for Assisted Reproductive Technology (SART), “Preliminary National Summary Report for 2024 (All SART Member Clinics),” SART CORS Online,

[10] Emma Waters, “Why the IVF Industry Must Be Regulated,” The Heritage Foundation, 19 de marzo de 2024.

[11] Society for Assisted Reproductive Technology (SART), “Preliminary National Summary Report for 2024 (All SART Member Clinics),” SART CORS Online,

[12] Kathryn J. Go, Phillip A. Romanski, Pietro Bortoletto, Jay C. Patel, Serene S. Srouji, and Elizabeth S. Ginsburg, “Meeting the challenge of unclaimed cryopreserved embryos,” Fertility and Sterility 119, no. 1 (January 2023)

[13] Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, “The Alabama Supreme Court’s Ruling on Frozen Embryos,” 22 de febrero de 2024.

[14] Emma Waters, “Why the IVF Industry Must Be Regulated,” The Heritage Foundation, 19 de marzo de 2024.

[15] European Society of Cardiology (ESC), “Babies born after fertility treatment have higher risk of heart defects,” 27 de septiembre de 2024.

[16] Gao Song, Cai-qiong Zhang, Zhong-ping Bai, Rong Li y Meng-qun Cheng, “Assisted Reproductive Technology and Risk of Childhood Cancer Among the Offspring of Parents With Infertility: Systematic Review and Meta-Analysis,” JMIR Cancer, vol. 11, 2025

[17] Mohammad A. Sakran et al., “Relationship Between Assisted Reproductive Technology and Autism Spectrum Disorders: A Systematic Review and Meta-Analysis,” Psychiatry International, vol. 6, nº 4, 2025, art. 156, DOI.

[18] Congregación para la Doctrina de la Fe, Dignitas Personae, n. 16.

[19] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2378.

[20] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2270.

[21] Congregación para la doctrina de la fe, Donum Vitae, n1.

[22] Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Dignitas Infinita, n. 1 y n. 22, 2 de abril de 2024.

[23] Congregación para la Doctrina de la Fe, Donum Vitae, I, n. 1.
Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Dignitas Infinita, n. 22

[24]  Congregación para la Doctrina de la Fe, Dignitas Personae, n. 15.
Congregación para la Doctrina de la Fe, Donum Vitae, II, Introducción

[25] Congregación para la Doctrina de la Fe, Donum Vitae,II, B, n. 5.

[26] San Pablo VI, Humanae Vitae, n. 12 y n. 14.

[27] Congregación para la Doctrina de la Fe, Donum Vitae, II, B, n. 5

[28] United States Conference of Catholic Bishops (USCCB), “IVF Destroys Human Life, Bishops Urge Ethical Alternatives,” 20 de febrero de 2025.

[29][29] United States Conference of Catholic Bishops (USCCB), “Bishop Chairmen Respond to Administration’s Announcement on Expansion of Access to IVF and Fertility,” 17 de octubre de 2025.

[30] Restorative Reproductive Medicine: An Ethical Approach to Fertility — The National Catholic Bioethics Center


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