Comentario de Mercado julio

Julio fue un mes turbulento para la renta variable global, dominado por una fuerte contracción de las valoraciones del sector de la Inteligencia Artificial (IA), especialmente los semiconductores, y por las presiones geopolíticas derivadas del conflicto en Irán.

Europa logró desmarcarse, con el Stoxx 600 acercándose a máximos históricos a 31 de julio, apoyado en un crecimiento del PIB de la eurozona mejor de lo esperado (+0,4% en el segundo trimestre, el ritmo más rápido en más de un año) y en una menor exposición relativa a compañías vinculadas a la IA.

Los bonos globales cayeron con cierta intensidad cuando la subida del petróleo reavivó los temores inflacionistas.

  • S&P 500: -0,13% 
  • Nasdaq: -6,61% 
  • Stoxx Europe: +1,16% 
  • MSCI All Country World Index (EUR): -1,57% (el dólar cayó un 0,92%, el índice en USD cayó un 0,68%).
  • Índice global de renta fija (EUR): -1,16%.

Julio ha vuelto a poner sobre la mesa dos de los principales factores que están condicionando el comportamiento de los mercados en 2026; por un lado, el aumento del peso de la deuda pública y su impacto potencial sobre los tipos de interés y la inflación; por otro, la creciente concentración del riesgo en un número reducido de compañías y sectores, especialmente en torno a la inteligencia artificial y los semiconductores.

Deuda, tipos de interés e inflación.

Lo siento, pero los políticos se han empeñado en que hablemos de esto, y no queda otra. En el corto plazo, los mercados se mueven sobre todo por la entrada y salida de liquidez; en el largo plazo, por la solidez económica de los países y por la calidad de las compañías.

La liquidez entra y sale del sistema, en gran parte, a través de los bancos centrales. Cuando estos compran activos o prestan dinero a los bancos comerciales, ponen más dinero en circulación, lo que se llama inyectar liquidez en el sistema. Cuando hacen lo contrario, es decir, venden activos o retiran dinero del sistema, están drenando liquidez.

Los bancos centrales son las autoridades monetarias encargadas de emitir dinero en cada país[1]. En teoría son independientes. ¿Por qué digo “en teoría”? Porque últimamente hemos visto cómo algunos presidentes han intentado interferir en su labor para que les ayuden a gestionar el país o, más bien, para que financien sus elevados niveles de gasto.

En este gráfico podéis ver el aumento de la deuda americana en este siglo, más de un 583%. Os prometo que no es una fascinante compañía de la IA o el Bitcoin, es la deuda americana. Es un incremento del 7,5% anual.

Fuente : Bloomberg

Según un informe muy interesante de Hoisington Investment Management Company[2], el rango de equilibrio de la inflación en EE. UU. estaría desplazándose desde aproximadamente 1,5%-3,5% hacia 3,5%-4,5%, con riesgo no despreciable de episodios por encima del 5%. La razón es que ahora la economía es más cara de operar porque hay menos globalización, más necesidad de invertir en energía, redes, chips, defensa e IA, y menos crecimiento de la mano de obra.

Antes, la globalización ayudaba a mantener la inflación baja porque producir era más barato y había mucha oferta mundial. Ahora pasa lo contrario: las empresas y los países priorizan seguridad y resistencia frente a coste mínimo, y eso encarece todo.

El informe también dice que el dinero en la economía ya no está tan “quieto” como antes: si la Fed compra muchos bonos y circula más dinero, eso puede empujar la inflación hacia arriba, por tanto, si la Fed es demasiado blanda, puede alimentar inflación, pero si aprieta demasiado, puede enfriar mucho la economía. ¿Qué camino seguir? El segundo es más duro en el corto plazo, pero más sano en el largo.

El informe es constructivo sobre una idea poco cómoda para el mercado, los tipos largos podrían seguir tendiendo al alza o, como mínimo, volverse más volátiles que en el ciclo 1990-2020. La explicación es doble. Primero, la parte de inflación esperada en los rendimientos nominales debería subir si la inflación de equilibrio es mayor. Segundo, la prima de plazo y los tipos reales podrían aumentar por la mayor demanda de capital, la fragmentación global y la mayor sensibilidad del Tesoro a la oferta de deuda.

Intento explicarlo un poco más sencillo. Cuando compras un bono a largo plazo, el mercado mira dos cosas principales:

  • La inflación futura esperada.
  • La compensación extra por prestar dinero durante mucho tiempo (Prima de plazo, en inglés “term premium”).

Si ambas cosas suben, también suben los tipos largos.

  1. Inflación futura esperada.

Si la gente cree que la inflación será más alta en el futuro, los bonos a largo plazo deben ofrecer más interés para no perder poder de compra.

2. Prima de plazo y tipos reales[3] más altos

  • Prima de plazo: es el “extra” que pide el mercado por prestar dinero durante muchos años, porque hay más incertidumbre.
  • Tipos reales: son los tipos descontando inflación.

El informe dice que esa parte también podría subir por:

  • Más demanda de capital: empresas y gobiernos necesitan más dinero. Compiten por una misma masa de capital que no crece al mismo ritmo que sus necesidades de financiación.
  • Menor ahorro: en Estados Unidos, la tasa de ahorro ha caído a mínimos, lo que reduce la capacidad de absorber una demanda creciente de capital.
  • Fragmentación global: menos comercio y menos integración entre países, lo que encarece financiarse.
  • Más oferta de deuda del Tesoro: si el Estado emite muchos bonos, el mercado puede exigir más rentabilidad para comprarlos.

¿Es algo que pueden estar descontando los tipos de largo plazo? Yo estoy de acuerdo

Fuente: Bloomberg

Si os fijáis bien, están tendiendo al 5%, cerca del pico que llegó en octubre del 2023. Parece que los inversores tienen algo de precaución para el futuro.  

En este entorno hubo reunión de los dos principales bancos centrales del mundo, el estadounidense (FED) y el europeo (BCE). El BCE descartó una subida inmediata de tipos, pero la presidenta Lagarde dejó preparado el terreno para un posible incremento en septiembre, a medida que aumentaban las presiones inflacionistas procedentes de la energía y los aranceles. la Fed mantuvo los tipos en el 3,50%-3,75%, por quinta reunión consecutiva, pero lo más llamativo fue que la decisión salió con tres votos en contra a favor de subir tipos, algo poco habitual y que reflejó una división interna más clara de lo normal.

Riesgo de concentración

La idea de crear índices bursátiles surgió de una necesidad muy práctica: resumir en una sola cifra el comportamiento de un conjunto de acciones. Antes de su aparición, los inversores podían consultar la cotización de cada empresa por separado, pero resultaba difícil determinar si el mercado en su conjunto estaba subiendo o bajando. Los índices permitieron transformar múltiples movimientos individuales en una señal sencilla y fácil de interpretar.

En una economía como la estadounidense, caracterizada por el libre mercado, la seguridad jurídica, una regulación comparativamente menor y unos mercados de capitales profundamente desarrollados, es más probable que prosperen la investigación, la creatividad y la iniciativa privada. En definitiva, existen fuertes incentivos para la actividad empresarial. No sorprende, por tanto, que sea uno de los países donde más empresas se crean y donde muchas de ellas alcanzan un gran éxito. Además, una parte significativa termina cotizando en bolsa, permitiendo a los inversores participar en su crecimiento.

Hoy existen multitud de índices, aunque el más representativo y seguido a escala global es probablemente el S&P 500, que agrupa a las 500 mayores compañías de Estados Unidos y se ha convertido en la principal referencia para medir la evolución de su mercado bursátil.

A partir de aquí surge una idea sencilla pero poderosa: si los índices capturan el comportamiento del mercado, ¿por qué no invertir directamente en ellos? Esa necesidad dio lugar al desarrollo de los fondos indexados. John C. Bogle, fundador de Vanguard y uno de sus grandes impulsores, lo resumió con una frase ya clásica: “No busques la aguja en el pajar. Compra todo el pajar”[4].

El objetivo de este tipo de inversión no es apostar por un sector o por unas pocas compañías, sino construir una cartera ampliamente diversificada que permita al inversor capturar el crecimiento del mercado en su conjunto.

Sin embargo, la realidad no siempre es tan equilibrada. Cuando surge euforia en torno a un sector, el capital tiende a concentrarse en él. Primero por sus fundamentales, después por la narrativa que amplifican los bancos de inversión, y finalmente por el comportamiento de los propios inversores, donde entra en juego el conocido FOMO (fear of missing out). Este proceso suele repetirse: suben los precios, aumenta la capitalización de las compañías y, con ello, su peso dentro de los índices.

Aquí es donde aparece una de las principales debilidades de los índices ponderados por capitalización. Ya hemos comentado en otras ocasiones el riesgo de concentración, un número reducido de compañías puede llegar a representar una parte muy relevante del índice.

Esto plantea una cuestión clave para el inversor: cuando inviertes en un fondo o ETF referenciado a un índice, ¿estás realmente invirtiendo en un mercado diversificado o en un puñado de compañías? Actualmente, las ocho mayores posiciones del S&P 500 concentran en torno al 35% del índice, mientras que las otras 492 representan el 65% restante, con un claro sesgo hacia el sector tecnológico.

Por tanto, aunque a priori pueda parecer una inversión diversificada, en la práctica supone una exposición significativa a un número reducido de compañías y a un mismo sector, además en un contexto de valoraciones exigentes frente a sus medias históricas. Es un riesgo que, al menos, conviene tener presente.

Podéis ver en esta tabla lo que ha ocurrido en el pasado cuando existía una alta concentración.

Fuente: Bloomberg y elaboración propia

¿Quiere decir esto que van a caer las compañías que más ponderan en el S&P 500? No, porque no lo sé. Además, son buenas compañías. Pero sí implica asumir un riesgo claro: concentrar la inversión en un sector con valoraciones muy exigentes.

La euforia sigue estando en torno a la inteligencia artificial, aunque ya no tanto en las grandes plataformas como Amazon, Alphabet, Microsoft o Meta, sino en toda su cadena de valor: semiconductores, energía, constructores de centros de datos, etc. De hecho, el entusiasmo ha sido especialmente intenso en el sector de semiconductores, que acumulaba una subida cercana al 106% en lo que va de año hasta junio, como podéis ver en el gráfico.

Fuente: Bloomberg

Pero ¿Qué ha pasado después de junio? Una caída del 42% en poco más de un mes[5].

Fuente: Bloomberg

¿Es esto sano? En absoluto. ¿Qué pasa con quienes invirtieron pensando que era El Dorado? Sí, es verdad, es su responsabilidad. Pero eso no quita que debamos ser conscientes de dónde estamos invirtiendo. Cuando compramos un índice, también estamos aceptando, muchas veces sin darnos cuenta, un grado elevado de concentración en determinados sectores.

Si llevamos este fenómeno al extremo, el caso de Corea del Sur es bastante ilustrativo. El índice Kospi está compuesto por 954 compañías, pero solo las dos primeras, Samsung Electronics y SK Hynix, llegan a pesar más del 52% del total. Más de la mitad del índice concentrado en dos compañías, ambas del sector de semiconductores.

¿Y qué ocurrió? Hasta junio, el índice subía en torno a un 111%. Después, cayó un 56%. Un movimiento que refleja claramente el riesgo de una concentración excesiva.

Fuente: Bloomberg

Es cierto, el caso de Corea es un ejemplo extremo, pero conviene no perder de vista que el S&P 500 presenta actualmente niveles de concentración cercanos a máximos históricos, las ocho mayores compañías pesan en torno al 35% del índice. Personalmente, prefiero no participar en este tipo de dinámica, implicaría intentar sentarse el primero cuando deje de sonar la música.

Este riesgo de concentración es una de las razones por las que, en Altum, hemos aplicado una metodología equiponderada al Altum 500 US Catholic Ethos Index en Estados Unidos y al Altum 100 EU Catholic Ethos Index en Europa. Al asignar el mismo peso a todas las compañías, se consigue una exposición más equilibrada y menos dependiente de las mayores posiciones.

Creemos que este enfoque ofrece una diversificación más equilibrada y una menor dependencia de unas pocas compañías. Además, permite participar en el crecimiento del conjunto del mercado con una distribución del riesgo más homogénea.

Altum 500 Us Catholic Ethos Index

Fuente : Bloomberg

Altum 100 EU Catholic Ethos Index

Fuente : Bloomberg

La bolsa no es un casino, es la herramienta que te permite ser socio de compañías excelentes.


[1] En realidad, no son los únicos. Los bancos comerciales también tienen el privilegio de crear dinero, ¿Cómo? El coeficiente de caja en España es del1%, esto significa que cuando Pepe deposita en una cuenta corriente 100 € en el banco A, éste puede prestar hasta el 99%, es decir 99 € a Juan, Juan deposita en su cuenta corriente estos 99€ en el banco B y éste puede prestar de ese depósito, 98, 01€ y así sucesivamente por lo que se da el absurdo que varias personas son dueñas del mismo dinero.

[2] HIM2026Q2.pdf

[3] Los tipos nominales se descomponen en inflación esperada, tipos reales y term premium (prima de plazo)   

[4] El pequeño libro para invertir con sentido común: El mejor método para garantizar la rentabilidad en bolsa : Bogle, John C., Teruel Prieto, Gustavo: Amazon.es: Libros

[5] Medido por el índice SOX (The Philadelphia Semiconductor Index)

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